miércoles, 15 de noviembre de 2017

A pesar de mi, la vida continúa...

Romanos 8:22-39

El periódico nos recuerda cada día la incertidumbre de la vida. Cosas suceden que son inesperadas, las fortunas cambian de mano, vidas llegan a su fin inesperadamente, etc. Una de las necesidades básicas de los seres humanos es sentirse seguro, pero los acontecimientos del día nos recuerdan la condición de inseguridad que viene de las incertidumbres de la vida. Simplemente no sabemos lo que sucederá mañana.

Es por eso que nos dirigimos a la Biblia. En ella encontramos razones para sentirnos seguros. Estamos seguros de que:

• Su objetivo no será frustrado. Puesto que Dios es por nosotros, ninguno puede estar en contra de nosotros (v. 31).

• Su generosidad no se apagará. Dado que Él no ha escatimado en dar a su Hijo, Dios no va a negarnos nada que se necesite para nuestro cuidado. (v. 32).

• Su perdón no se cancela. Quien quiera acusarnos no podrá tener éxito, puesto que Dios, nuestro juez ya nos ha justificado (vv. 33-34).

• Su amor no se rompe. Dios nos ha revelado su amor en la persona de Cristo, y nada, ni siquiera las diez potentes cosas que figuran aquí, nos separará del amor de Cristo (vv. 35-36).
Si bien la mayoría de la gente busca la seguridad en “algo”, el cristiano la encuentra en “nada”. No hay “nada” que pueda frustrar el propósito de Dios. “Nada” puede apagar su generosidad. “Nada” puede cancelar su perdón. “Nada” puede romper su amor por nosotros.

Nada puede cambiar el hecho de que, "ninguno de todos estos obstáculos, ni todos ellos juntos, pueden cambiar el hecho de que soy altamente amado, completamente perdonado y eternamente libre a través de Jesucristo."

Dios nos sostiene en la palma de su mano. Estamos seguros - seguros en estos "NADA".

Lea de nuevo cada uno de los versículos de la lectura bíblica de hoy, observando cómo cada uno nos enseña estas verdades. Luego lea en voz alta estas palabras: "No hay nada que pueda frustrar el propósito de Dios, nada que pueda apagar su generosidad, nada que pueda cancelar su perdón y nada que pueda romper su amor por mi". Ahora sonría! ¡que la alegría del hijo(a) de Dios se encuentra en "nada".


Traducido y adaptado por David Luzuriaga
Tomado de Faith Walk, by Woodrow Kroll and Tony Beckett

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